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The New York Times

by Tim Page

Among six pianists who made New York debuts this week, the mos accomplished was Sylvia Torán, who played Wednesday night at Cami Hall (165 west 57th street). Miss Torán graduated from the Royal Conservatory of Music in Madrid, and later earned a Masters degree from the Juilliard School, studying with Earl Wild and Beveridge Webster.
Miss Torán is a splendid young artist. Her playing is strong, yet capable of ethereal delicacy; her interpretations are passionate but temperate and she has no apparent technical deficiencies. Ber's Sonata (Op. 1) was played as one unbroken melo melody, endlessly expanding. Albéniz's "Vega" a shimmering evocation, was played lovingly but unsentimentally.
Best of all was Liszt's Sonata in B minor. This work always calls to mind the Chiocago critic Claudia Casidy's succinct evaluation of Rachmaninoff's 3rd Piano Concerto: "cheap unless it is magnificient". On Wednesday the Sonata was magnificent - a noble entity that built with inevitable logic over the course of 33 minutes, from the tentative opening statement to an overwhelming crescendo.
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Entre los seis pianistas que hicieron su debut en Nueva York esta semana, la más completa fue Sylvia Torán, que actuó el miércoles por la noche en el Cami Hall (165 west 57th street). La Señorita Torán es graduada por el Real Conservatorio de Música de Madrid y más tarde ha finalizado su Master en la Juilliard School con Earl Wild y Beveridge Webster.
Sylvia Torán es una espléndida joven pianista. Su forma de tocar es fuerte aunque capaz de una delicadeza etérea; sus interpretaciones fueron apasionadas pero temperadas y no parece tener deficiencias técnicas. Ejecutó La Sonata Op. 1 de Alban Berg como una melodía contínua, expandiéndose sin fin.

La Vega de Albéniz, una brillante evocación, fué interpretada amorosamente pero sin sentimentalismos.
Lo mejor de todo fue la Sonata en Si menor de Liszt. Esta obra siempre trae a la mente la sucinta evaluación que la crítica de Chicago Claudia Cassidy hizo del Tercer Concierto para piano de Rachmaninov: "vulgar de no ser magnífico"
El miércoles la Sonata fue magnífica -construída con nobleza y lógica inevitable a lo largo de 33 minutos, desde el cauteloso comienzo hasta el aplastante crescendo.